EL HOMBRE, UN SER QUE HACE... La reflexión y el estudio sobre la naturaleza y condición humana no transgreden los principios de la fe cristiana, ya que son ejercicios legítimos en la búsqueda y comprensión del conocimiento antropológico revelado desde los tiempos primigenios para el entendimiento de la realidad y de la relación de la creación entera con Dios. La Biblia revela que ya en su mente Dios otorgó al ser humano un lugar de honra desde que planeó su existencia, luego en amor, lo moldeó según su propósito dejándolo a cargo de la creación. Por ello, es importante que estudiemos acerca del hombre, que hablemos de la forma en la que se desenvuelve como lo que es; como un ser especializado en hacer, que si no hace, no es; si no se expresa, muere; si no se da, no es encontrado. Tengamos en cuenta que el conocimiento que Dios ha venido revelando actúa como un faro que orienta la vida permanentemente; dicho conocimiento se reestructura sobre sus propios vestigios; preservando sus ...
El mundo necesita que le mostremos el camino que puede hacer volver a cada uno a su propósito real. Nuestra cristiandad corre el peligro de marchitarse entre las frías preocupaciones por las cosas fugaces de la vida, mientras el mundo necesita que vivamos la fe de aquellos frutos, acciones y palabras que le dan valor y alejan al hombre del interés por lo superficial y transitorio. Si aunado a ello los cristianos no nos concentramos en ofrecer un verdadero “culto racional” a Dios, ni en entender cómo lograrlo, entonces provocamos que nuestro carácter cristiano se desvanezca y pierda el propósito de las cosas buenas que se hacen y se dicen; y es por causa de esto que venimos a enfocarnos en cosas volátiles y efímeras, huecas y sin valor, que a la larga nos sumergen en el lodo que nos estorba en la búsqueda de lo que nos dan el significado y beneficio a que estamos destinados; y sin ello, la parábola de la semilla cobra sentido: debe caer en buena tierra para dar frutos, pero, ...