El mundo necesita que le mostremos el camino que puede hacer volver a cada uno a su propósito real.
Nuestra cristiandad corre el peligro de marchitarse entre las frías preocupaciones por las cosas fugaces de la vida, mientras el mundo necesita que vivamos la fe de aquellos frutos, acciones y palabras que le dan valor y alejan al hombre del interés por lo superficial y transitorio.
Si aunado a ello los cristianos no nos concentramos en ofrecer un verdadero “culto racional” a Dios, ni en entender cómo lograrlo, entonces provocamos que nuestro carácter cristiano se desvanezca y pierda el propósito de las cosas buenas que se hacen y se dicen; y es por causa de esto que venimos a enfocarnos en cosas volátiles y efímeras, huecas y sin valor, que a la larga nos sumergen en el lodo que nos estorba en la búsqueda de lo que nos dan el significado y beneficio a que estamos destinados; y sin ello, la parábola de la semilla cobra sentido: debe caer en buena tierra para dar frutos, pero, antes de alcanzar la riqueza del suelo, se marchita entre las piedras o es devorada por las aves del cielo.
Para entender qué es el culto racional que Dios recibe, es necesario entender primero el concepto de la persona humana, pues determinará lo que es ese culto particular y los valores con los que debemos tratar y formar a cada uno; además, tal concepto deberá inspirar a quienes desempeñan un rol determinante en la comunidad global: juristas, políticos, filósofos, teólogos, etc. De modo que la veracidad del concepto debe ser infalsable para que norme los estudios centrados en dogmas religiosos, así como el quehacer académico y universal. Para lo cual, el concepto de hombre debe ser claro, profundo, preciso, y completo, pues al carecer de estas cualidades nos conduciría inevitablemente al extravío.
El primer problema que enfrentamos en ese interés es que el ser humano original ya no existe; se ha extraviado de su propósito y se ha extraviado a sí mismo; quizá haya mayor precisión en afirmar que el hombre se desconoce a sí mismo cuando rechaza su concepto, forma y propósito original. De ahí que es necesario reedificar este ser humano partiendo de la fundamental evangelización, seguida de la educación cristiana. Por ello, si la educación deber ser mejor, la evangelización mucho más.
Si el hombre debe conocer primero a Dios para poder conocerse a sí mismo, y si Dios es el Evangelio; entonces, ¿Dónde comenzamos? En el conocimiento de la verdad, en su búsqueda; solo la verdad produce sabiduría y el culto racional que Dios aprueba. Ante esto debemos recordar las palabras de Jesús el Cristo de Dios: << Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.>> << Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.>>
Comentarios
Publicar un comentario