EL HOMBRE, UN SER QUE HACE...
La reflexión y el estudio sobre la naturaleza y condición humana no transgreden los principios de la fe cristiana, ya que son ejercicios legítimos en la búsqueda y comprensión del conocimiento antropológico revelado desde los tiempos primigenios para el entendimiento de la realidad y de la relación de la creación entera con Dios. La Biblia revela que ya en su mente Dios otorgó al ser humano un lugar de honra desde que planeó su existencia, luego en amor, lo moldeó según su propósito dejándolo a cargo de la creación.
Por ello, es importante que estudiemos acerca del hombre, que hablemos de la forma en la que se desenvuelve como lo que es; como un ser especializado en hacer, que si no hace, no es; si no se expresa, muere; si no se da, no es encontrado.
Tengamos en cuenta que el conocimiento que Dios ha venido revelando actúa como un faro que orienta la vida permanentemente; dicho conocimiento se reestructura sobre sus propios vestigios; preservando sus raíces en lugar de reemplazarlas, transformando sus conceptos en lugar de aniquilarlos. No obstante, cuando se cultiva en una relación genuina con Dios, se enriquece con palabras seguras y confiables de parte de él, capaces de generar un cambio positivo en la vida humana para su desarrollo y renovación creciente; ya que Dios es la fuente inagotable de la vida, la verdad, la sabiduría y el conocimiento.
Desde esa perspectiva, resulta pertienente señalar que cada día el hombre es encontrado haciendo, pues es un ser que, por su diseño, hace. Se puede ver, pues, a las personas conducir sus vehículos a sus centros de trabajo, o, mientras se trasladan en transporte público, aprovechar para platicar temas relevantes o triviales, leer un periódico, dejar una huella digital en las redes sociales, resguardar ideas importantes en sus computadoras portátiles, meditar o entregar sus cuerpos al descanso pendiente. Eso no es otra cosa más que la verdad de que los caminos del hombre son diversos, los cuales elige transitar a pie, en bicicleta o a caballo; pero en todo ello, el hombre sigue siendo un ser que hace, y transforma…
Dios, que no ha abandonado su preciada creación, en su decreto providencial hace que las vidas de las personas converjan para ayudarse a crecer, forjando lazos que estructuran la familia y consolidan círculos de amistad excepcionales. Esto es debido a que el ser humano existe para vivir en comunidad, fue creado para vivir así y entregarse con lo que posee, y así perfeccionar lo que él mismo en su discernimiento ha denominado comunidad.
Si el hombre se expresa hacia los demás dándose en comunidad, también se expresa para sí y para los demás haciéndose un hábitat donde revela su indentidad, su verdadero yo, para ser visto e identificado, quizá reconocido y, finalmente, se contruye un hábitat donde le sea posible encontrarse a sí mismo. En cada piedra esculpida y cada estructura levantada, el hombre proclama su presencia y afirma su propósito en el mundo.
Hay una marca que el hombre ha dejado como distintiva de toda su cultura en donde ha vivido, la religión; misma que en la actualidad se expresa en diferentes denominaciones con un nombre específico, aunque algunas ni siquiera tienen un nombre que las particularice, pero, finalmente, son la expresión del quehacer religioso del hombre, algo que distingue y explica la relación del hombre con la divinidad a la cual busca entregarse.
El hombre es un ser que hace, trabaja, hace comunidad, un hábitat, una religión, simplemente es un ser que inventa y construye; pero, en la medida en que crea, también destruye, lamentablemente, a sus semejantes, incluso hasta los mata; quizá lo hace por temor, para satisfacción o por insatisfacción, por razones incomprensibles; en ese acto, destruye los lazos más sensibles de la humanidad. El hombre hace daño al expresarse en la comunidad, sea por su religión, porque simplemente quiera dar su ser de esa manera o por algún interés particular; pero el hombre hace daño, incluso se daña a sí mismo...
Así y eso es el hombre, un ser que hace daño.
Miqueas 6:8: -Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.-
La reflexión nos recuerda que el ser humano, por diseño divino, es un ser activo, creador y relacional. Su identidad se expresa en lo que hace: trabaja, transforma, se comunica y edifica comunidad. Sin embargo, este potencial también conlleva una responsabilidad moral, pues el hombre no solo construye, sino que puede herir y destruir. Ante esta dualidad, el hombre debe vivir con justicia, y caminar humildemente con Dios. Solo así, el hacer humano será reflejo de la voluntad de su Creador y fuente de verdadera vida para sí mismo y para su prójimo.
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